Navidad: éste es el espíritu

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John Greenleaf dijo: “De alguna manera, no sólo en Navidad, sino a través de todo el año, la alegría de dar a los demás es una alegría que regresa.”

(1807-1892)

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Decoración navideña hecha por nosotros reciclando materiales

Me entristece ver cómo la Navidad se ha ido volviendo progresivamente demasiado comercial. ¿Dónde permanece escondido ese espíritu que se muestra en las ñoñas películas navideñas? Independientemente de las creencias que tengamos, estos días de vacaciones son una oportunidad para disfrutar de un poco de tiempo libre con las personas a las que más queremos. Si dejamos los regalos en un segundo plano, al restarles importancia, nos liberamos del estrés que conlleva la búsqueda de aquéllos que consideramos ideales y que generalmente distan mucho de lo que es un regalo auténticamente especial. Será entonces cuando nuevos sentimientos, sensaciones y emociones empezarán a salir a la luz.

Durante mis 14 años como madre, he gozado mucho más construyendo juguetes, joyas y otros presentes para mis hijos que comprándoselos, e igualmente aquéllos hechos con mis propias manos han sido los más apreciados por ellos y los que han disfrutado durante más tiempo. Sobre todo, y esto es lo más importante, han sido otra forma de decir “te quiero”.

Y es que hay muchas maneras de transmitirlo sin utilizar estas palabras y estos días son una buena ocasión para hacerlo. Colaborar con ecuanimidad en todas las tareas y después disfrutar juntos el tiempo libre. Acurrucarse bien pegados en el sofá tapados con una manta para ver una película, escapándose del frío que hace fuera. Reír durante horas con algún juego de mesa. Abrazarnos, besarnos, acariciarnos, recordarnos con palabras cuánto nos gusta compartir ese tiempo…

Y como he mencionado en más ocasiones, hacer trabajos creativos juntos une, aumenta la autoestima y nos ayuda a crecer personalmente.

Hoy compartiré con vosotros la decoración que hemos hecho para mi casa esta Navidad y breves explicaciones de los pasos, por si os apetece copiar alguna idea para la siguiente.

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Comenzamos con cartones, un cúter y un metro. Recomiendo utilizat una regla larga para cortar (yo he usado un listón de madera)

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Cortaremos y plegaremos el cartón para crear las piezas necesarias, que podemos pegar con silicona líquida. También se pueden utilizar directamente cajas con las medidas adecuadas.

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La composición se recubre con pedazos de papel de periódico, que pegaremos con cola blanca y agua mezcladas a partes iguales, y se echa otra capa de esta mezcla por encima. A continuación, se pinta.

 

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Para pintar la zona que simula piedra, hemos utilizado restos de pintura de pared

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Leña de verdad, quemada en algunos extremos y pintada con témpera roja simulando brasa

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Para imitar la luz del fuego, usamos led roja. El árbol está hecho con corchos y otros materiales reciclados pegados con silicona

 

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Para hacer el muñeco de nieve, inflamos dos globos grandes y los recubrimos con varias capas de papel de periódico y cola blanca con agua, las suficientes para que, una vez seco, quedase rígido

 

 

 

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Pegamos ambas bolas y las pintamos de blanco

 

 

 

 

 

Por último, añadimos otros detalles, como un calcetín hecho con fieltro y  portavelas con envases de vidrio.

Consejos para prepararles para la vuelta al cole

Louis Pasteur dijo: “No les evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas”.

Para los niños, volver a madrugar, recuperar la dinámica de trabajo y ver aumentado el nivel de exigencia sobre ellos puede causar ansiedad, malestar emocional y físico e incluso modificar su comportamiento.

Para ayudarles a adaptarse a estos cambios, los días previos al comienzo de las clases procura ir recuperando el horario y las rutinas habituales del curso escolar.

Dedica tiempo a preparar juntos el material para clase y lo que vaya a necesitar para las actividades extraescolares. Disfrutará de tu compañía y se ilusionará con la idea de estrenar los artículos nuevos, retomar las actividades y volver a jugar con sus compañeros.

Antes de comprar ropa nueva para empezar el curso, deja que él te ayude a seleccionar la que todavía le sirve y a preparar la otra para donarla. Aprovecha para hablarle sobre la importancia de compartir y mostrarle un mundo más amplio, estimulando su capacidad para empatizar. También podéis organizar juntos la ropa nueva y empezar a prepararla por las mañanas o dejarla preparada antes de irse a dormir, como hará cuando vaya a clase.

Crea un espacio de estudio apropiado para tu hijo. Debe carecer de distracciones, tener buena iluminación exterior y el material escolar tiene que estar siempre bien organizado y fácilmente accesible. Podéis realizar juntos algún cubilete para pinturas, por ejemplo con un rollo de papel vacío, recubierto con trocitos de papel de periódico y una mezcla de cola blanca y agua a partes iguales y pintado con témperas. Es una buena ocasión para enseñarle la importancia de reciclar y reutilizar y permitirle formar parte de la organización del presupuesto para material, ropa y pago de actividades.

También es interesante preparar un horario de apariencia atractiva para el niño, que incluya sus asignaturas y las actividades extraescolares, y si lo deseas, las horas a las que podrá realizar ciertas tareas, como jugar con una consola. Colócalo en su habitación o junto a su mesa de estudio.

Cuando comiencen las clases, aunque dispongas de menos tiempo, procura seguir realizando con tu hijo actividades al aire libre. El ejercicio físico y una alimentación equilibrada también son fundamentales para ayudarle a afrontar el esfuerzo que supondrá retomar tanto trabajo y actividades.

Escúchale, demuéstrale que comprendes sus emociones y ayúdale a darles un enfoque más positivo.

En el caso de los menores de 3 años, en general todavía les cuesta la separación. Es fundamental que desde el primer día te despidas mostrando tranquilidad, de modo que el niño comprenda que te vas pero volverás cuando sea la hora de salir. Si te vas sin avisar, puedes generarle ansiedad y el próximo día intentará no separarse de ti bajo ninguna circunstancia.

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Crecer como equipo

6 claves para incitar a nuestros hijos a colaborar en las tareas domésticas

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Zig Ziglar dijo: “Los individuos marcan goles, pero los equipos ganan partidos.” 

La mayoría de los padres pensamos que colaborar en las tareas ayuda a madurar a nuestros hijos, pero a menudo nos parece más cómodo hacerlo nosotros mismos mientras ellos duermen la siesta o están en el colegio.

Entre los dos y los cinco años, los niños están ansiosos y dispuestos a ayudar. Según van creciendo, se ofrecerán cada vez menos a hacerlo, por lo que debemos empezar a implicarles en las tareas domésticas cuanto antes.

Colaborar desde una edad temprana les ayuda a adquirir responsabilidades, les enseña a valorar el trabajo y respetar el espacio de los demás, aprenden a organizar su tiempo libre, e indudablemente, ganan autonomía y les servirá de gran ayuda cuando llegue el momento de que se independicen.

Además, las pequeñas tareas que encarguemos a nuestros hijos marcarán una gran diferencia en la convivencia familiar. No es lo mismo que cada uno se dedique tan sólo a sus propios intereses, que todos nos ayudemos en lo que podamos. Pronto descubrirán que de esta manera tenemos más tiempo para pasar todos juntos y que cada uno de nosotros (incluso las madres que trabajamos fuera y dentro de casa) tenemos tiempo también para nuestros intereses individuales.

Lo primero que debemos hacerles ver es que formamos un equipo y que lo que hacemos o dejamos de hacer afecta a todos. Deben empezar por comprender que tan sólo con que sean responsables de recoger lo que desordenan y limpiar lo que ensucian, ya contribuyen a liberarnos de trabajo a los demás.

Con 2 años ya pueden recoger sus juguetes, usar un trapo para secar el zumo que se les ha caído, acordarse de tirar en la papelera un papel en el que han pintado… 

Con 3 años, pueden empezar a hacerse responsables de su mochila del colegio, estirar su cama los fines de semana, ayudar a poner y recoger la mesa, regar las plantas, limpiar el polvo… Para ellos de momento es sobre todo un juego, y como todo juego, les sirve de práctica para la vida real.

Las tareas se deben ir incorporando poco a poco, acordes con su edad y teniendo en cuenta su grado de madurez.

Tenemos que explicarles claramente lo que tienen que hacer y cómo se hace.  Es preferible utilizar oraciones afirmativas, en vez de negativas; por ejemplo, “mete en la lavadora sólo la ropa clara y después meteremos la oscura”, en lugar de “no metas la ropa clara con la oscura”; así lo comprenderán antes, pues el cerebro sólo realiza representaciones visuales de las acciones en positivo.

Los padres debemos tener paciencia. Claro que no podemos esperar que la primera vez que el niño limpie un cristal con, por ejemplo, 4 años, lo deje brillante, pero siempre debemos reconocer su trabajo de un modo positivo y hacerle ver que nos ha ahorrado un valioso tiempo que podremos emplear para nuestro ocio. La motivación positiva es muy importante. Por supuesto, para que resulte creíble no podemos ir detrás terminando el trabajo que él acaba de hacer.

Según van cogiendo destreza, es bueno establecer un tiempo límite.

Los estudios siempre tendrán prioridad ante las tareas domésticas, pero deben comprender que sus deberes en casa también son una obligación.

Y recordad: trabajar en equipo divide el trabajo y multiplica los resultados.

Disfrutar comunicándonos con nuestros hijos

Epicteto (filósofo griego) dijo: “Tenemos dos orejas y una boca
para que podamos escuchar el doble de lo que hablamos”.

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Ayer tuve una reunión con la tutora de mi hija mayor. Ella empezó diciendo “es una alumna excelente pero…, continuó: “...lo que más nos sorprende de ella son sus valores, muy poco corrientes…” e insistió: “…de verdad, es muy raro encontrar a alguien con tan buenos valores”. En ese momento pasó por mi mente una lluvia de imágenes de esos momentos que tanto disfruto dejándolo todo de lado para dedicarme solamente a charlar con mis hijos.

Por eso hoy quiero hablaros sobre la comunicación entre padres e hijos, a la que debemos dedicar tiempo e interés desde mucho antes de que empiecen a hablar.

Cuantas veces hemos escuchado decir “me cuesta mucho comunicarme con mi hij@”, “no me cuenta nada”, “no me entiende” o “no le entiendo”.

Cuando surgen problemas entre padres e hijos, casi siempre están relacionados de algún modo con fallos en la comunicación. Ya sea por no haber hablado suficientemente sobre un tema, por no habernos parado a escuchar en un momento determinado, por no comunicarnos del modo adecuado o simplemente por falta de comunicación habitual.

Cuando hablemos con nuestros hijos, debemos ser claros, compartir con ellos nuestra experiencia y fomentar los valores que les queremos inculcar, pero no podemos olvidar que para que el mensaje les llegue, debemos ser empáticos, escucharles y mantener una conversación agradable, fluída y, sobre todo, mutua.

Algunos consejos:

  • Los niños se enfrentan a una serie de temas difíciles para ellos desde edades muy tempranas y necesitan que alguien les ayude a comprender bien todos los aspectos, por lo que al principio acuden a sus padres para encontrar la información que les falta. No desaproveches la oportunidad y préstrale toda la atención que él o ella necesita en ese momento, aunque te puedan parecer temas insignificantes. De este modo, dejarás abierta la puerta para que en el futuro siga buscando respuesta en ti. Si no, se sentirá obligado a hablar de temas difíciles con otras personas, quienes pueden proporcionarle información errónea o explicaciones que carezcan de los valores que tú le quieres inculcar.
  • Debemos ser pacientes. Como adultos, a veces creemos que los niños pequeños tardan una eternidad para expresar lo que tienen en mente y sentimos la tentación de terminar sus frases y cortar el diálogo. Tengamos en cuenta que a esa edad suelen pensar qué es lo que quieren expresar y cómo hacerlo a la vez que lo hacen, y si es un tema especialmente importante para ellos, buscan la manera de llegar a él sobre la marcha. Si no les dejamos terminar, es probable que no lleguen a contarnos lo realmente importante.
  • Aprovecha cualquier oportunidad para hablar con tus hijos sobre temas que consideres importantes, como una noticia o cualquier situación oportuna que surja.
  • Reserva un momento del día para charlar con tus hijos, un momento en el que no os preocupéis de nada más, y elige un lugar agradable. Por ejemplo, después de cenar, sentados juntos en el sofá y tomando una infusión o un vaso de leche. Cada familia debe encontrar el suyo, dependiendo de su horario y sus gustos.
  • Hablar no lo es todo. Mantén un tono suave e incítales a participar en la conversación de un modo ordenado.
  • Si tienes más de un hijo, dedica un tiempo con cierta frecuencia (por ejemplo, cada semana), a charlar con cada uno a solas en un lugar más íntimo, como su habitación. Estas conversaciones les ayudan a mejorar mucho la seguridad en sí mismos y sienten que sus opiniones son importantes. Además pueden aprovechar para hablar de temas más complicados o a sincerarse más, creando un vínculo de complicidad.
  • Observa su comportamiento. Cuando un niño empieza a actuar repentinamente de una forma distinta, es muy probable que intente comunicar algo.
  • A veces, cuando nos damos cuenta de que nuestro hijo necesita comunicarnos algo y le cuesta mucho hablar de ello, es una buena técnica concertar una cita para charlar. Le mostrarás que simplemente te apetece pasar uno de esos ratitos a solas. Así tendrá la oportunidad de pensar qué nos quiere contar y cómo. De este modo le resultará mucho más fácil decidirse.

Pregunta, escucha, comprende, enseña y aprende tú también.

Crecer como hermanos

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La importancia de ser hermano mayor pequeño

Clara Ortega dijo: “Para todos envejecemos, menos para los hermanos. Ellos saben cómo fuimos siempre. Compartimos los códigos, recordamos las peleas familiares y los secretos, el dolor y las alegrías. Vivimos fuera del tiempo.”

Como madre de tres niños con personalidades muy diferentes y cada uno maravilloso y único, hoy quiero hablaros sobre la importancia de una buena relación entre hermanos y compartir algunos consejos para ayudarles a fortalecerla y crecer creando lazos fuertes, que les mantendrán unidos en su edad adulta.

En esta etapa se crean profundos lazos de unión. En el caso de los hermanos pequeños, además, aprenden a manejar las situaciones significativas en sus vidas viendo cómo las experimentan sus hermanos mayores primero. El hermano menor con frecuencia ve al mayor como un héroe y puede llegar a tomar decisiones sociales en consecuencia.

Su interacción en la infancia también les enseñará a lidiar con los obstáculos de la convivencia en el futuro y a mejorar sus habilidades para relacionarse con otras personas. Aprenderán a empatizar, comunicarse, compartir…  No olvidemos que los niños aprenden tanto de la interacción positiva como de la negativa. También sus discusiones les resultarán valiosas, siempre que sean respetuosas y no guarden resentimiento, pues les enseñarán a resolver conflictos en el futuro.

La relación entre hermanos puede ser la más gratificante que se desarrolla durante la vida. Entre ellos pueden compartir inseguridades, errores y deseos que no compartirían con nadie más. De ahí la importancia de los padres a la hora de ayudar a los hermanos a solucionar sus dificultades y alimentar una relación positiva para que se lleven bien desde niños.

Este trabajo comienza cuando el hijo único deja de serlo. Empecemos por preparar al hermano mayor ante la llegada de su hermanito involucrándolo en las tareas y los cuidados del mismo. Hablémosle de lo maravilloso que será que en la familia seamos más personas disfrutando juntas, queriéndonos, cuidando unos de otros y compartiendo los momentos importantas de nuestra vida. Así lo he hecho yo con mis hijos y se sienten muy afortunados de tenerse, no hemos conocido los celos, pues ¿cómo sentir celos por tener la suerte de que más personas nos quieran de un modo incondicional con nuestras virtudes y defectos? 

También debemos implicar a los niños gradualmente en las tareas cotidianas, enseñarles a trabajar unidos para hacer nuestra vida aún mejor.

Una norma que nunca debemos incumplir es la de respetar la individualidad de cada niño. Cada hijo debe sentirse valorado como individuo, no queramos a todos por igual, sino a cada uno de forma especial, porque cada uno es único y esas diferencias les hacen a todos maravillosos. No debemos compararlos, sino ayudarles a potenciar aquello que les hace especiales. Por otro lado, tenemos que enseñarles a conocerse a sí mismos y entre ellos y a comprender que diferentes personalidades conllevan distintos modos de afrontar las situaciones, de apreciar cada acontecimiento y de comunicarse.

Cuando mi hija mayor tenía 5 años y la mediana 2, a menudo la gente me decía delante de ellas: “qué lista es la pequeña también, pero no será tan lista como la hermana…” , “que educada es la pequeña, pero tiene cara de pilla, tan formal como la mayor no será…” Estos comentarios podrían llevar a la pequeña a crecer con inseguridad en su primera etapa, siempre a la sombra de su hermana. Es cierto que la mayor es muy madura, responsable, educada e inteligente. Igualmente la pequeña es muy empática, creativa, con grandes cualidades artísticas, divertida y, sobre todo, una gran hermana. En un caso así, debemos enfrentarnos a la ardua tarea de ayudar al pequeño a encontrar su propio lugar, valorando todas esas cualidades en las que destaca.

Resumiendo:

  • Compartid con vuestros hijos la felicidad que sentís por ser uno más, ellos deben saber que son tan afortunados como vosotros.
  • Cuando surja un conflicto, escuchad a cada uno para que se calmen, dadles un tiempo para recapacitar y dejad que lo solucionen por sí mismos. Cuando sean adultos, tendrán que ser capaces de resolver solos sus conflictos sociales. Enseñadles, guiadles, pero no lo arregleis vosotros.
  • Hacedles partícipes en un esfuerzo común, fomentando las responsabilidades de unos hacia otros.

Y no os preocupéis por equivocaros más de una vez, pues ser padres a veces es difícil y resulta fácil caer en la tentación de decir: “¡Castigada por molestar a tu hermano pequeño, a ver cuándo consigues parecerte más a tu hermana mayor!” ;D

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